

POR: Noé Guerra Pimentel
Existe una gran distancia entre lo que nos cuenta la imagen reciente y lo que realmente guardan los archivos. Lo que hoy celebramos bajo el manto de misticismo prehispánico es, en realidad, una de las operaciones de marketing y sincretismo cultural más fascinantes de nuestra historia. El Día de Muertos, lejos de ser herencia mexica, es una festividad de estructura europea y evolución liberal, cuyo ropaje se creó hará apenas un siglo.
Su origen litúrgico viene de una fórmula francesa del año 1000, su estructura no nació en los códices, sino en la Europa medieval. En 998, San Odilón, Abad de Cluny, instauró en Francia el 2 de noviembre como el día oficial para rezar por Todos los Fieles Difuntos. Décadas antes, la misma Iglesia había fijado el 1 de noviembre como fiesta de Todos los Santos, una especie de jura colectiva para los santos sin nombre. Estas fechas vinieron a Nueva España con los franciscanos hace 500 años. Para facilitar la evangelización, los religiosos ajustaron el calendario católico sobre los ritos de cosecha indígenas. La estrategia funcionó para absorber los cultos locales, pero la raíz es la Francia gótica.
La clásica ofrenda que montamos en casa se tomó del altar de reliquias de la Iglesia católica. Cada inicio de noviembre, los templos exhibían los restos de sus santos patronos rodeados de cirios y panes. De ahí surgió la réplica doméstica. Los componentes más tradicionales tampoco son prehispánicos. El pan de muerto es una evolución del pan de ánimas europeo, moldeado tradicionalmente con formas de huesos. Por su parte, las calaveras de azúcar se elaboran con la técnica del alfeñique, un legado de la dulcería árabe que España heredó y trajo a América.
La estampa de los dolientes velando en torno a las tumbas tampoco es herencia indígena. Durante siglos, los muertos se enterraban y velaban dentro o en atrios de los templos. Todo cambió en 1859, con las Leyes de Reforma que secularizaron los cementerios y los sacaron de las iglesias por razones sanitarias. La costumbre de pasar la noche en el panteón comenzó como hábito burgués durante el Porfiriato. Las familias acaudaladas acudían al Panteón Francés o al de Dolores con sirvientes, sillas, mantas y candelabros para adornar las tumbas y pasar la velada.
En la segunda década del siglo pasado, tras la llamada Revolución mexicana, el nuevo gobierno de la mano de Vasconcelos necesitaba construir una identidad nacional que unificara al país. Los intelectuales de la época tomaron una arraigada fiesta de iglesia, la despojaron del discurso católico y la revistieron de una narrativa indigenista con cempasúchil, pirámides y viajes al Mictlán. La campaña funcionó, un siglo después, en 2003, ratificada en 2008, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad como raíz prehispánica, cuya leyenda dice que resistió 500 años, cuando la evidencia demuestra que dicha versión acaba de cumplir 100 años.
El dinamismo de esta fiesta no se ha detenido, lo vemos con el monumental Desfile de Día de Muertos de la Ciudad de México, realizado por primera vez el 29 de octubre de 2016. Su origen está en el cine: un año antes, en 2015, la película de James Bond, Spectre, lo inventó para su escena inicial. Ante la ola de turistas que vinieron buscando el festival, el gobierno decidió volver realidad la ficción del guionista inglés, aunque promocionándolo como rito ancestral. Fenómeno similar ocurrió con Coco, película animada del 2017, cuyos elementos visuales retroalimentan símbolos del imaginario popular de la mexicanidad.
Nada de lo anterior hace menos mexicano nuestro Día de Muertos, si bien las fechas son francesas, el altar católico, el pan europeo, la velada liberal, la mitología de los años 20s y el desfile es de James Bond; el mole, el cigarro, el mezcal y el refresco de Cola que ponemos en la mesa no se parecen a nada en el mundo. México todo lo vuelve suyo. El Día de Muertos no es extraordinario por ser antiguo; lo es porque está vivo, porque nos pertenece y lo recreamos cada año. Entender su verdadera cronología nos muestra que el verdadero poder de México es nuestra capacidad para adoptar lo ajeno y volverlo único, entrañable.
Total de Visitas 316002595
A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
Desarrollada por HMH Sistemas
Template by OS Templates