

*Las directoras argentinas Sonia Daniel y Leila Schmukler destacaron las actuaciones, el trabajo colectivo y la responsabilidad con que el grupo Orión en la frente aborda temas como la homofobia, la violencia y el suicidio
Entre aplausos y gritos de “¡México, México, México!”, el grupo universitario Orión en la frente concluyó este miércoles 14 de octubre la presentación de “Demonios blancos” en el Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires, Argentina, como parte del Festival Mundial de Teatro Adolescente Vamos que Venimos. El elenco está integrado por jóvenes formados en los bachilleratos 5 y 20 de la Universidad de Colima, algunos de los cuales cursan actualmente estudios de licenciatura.
La obra, escrita por Martín Quetzal y dirigida por Héctor Castañeda Arceo, recibió una respuesta emotiva del público y comentarios favorables de las directoras teatrales argentinas Sonia Daniel y Leila Schmukler, quienes al término de la función conversaron con el elenco y su director en una sesión de retroalimentación. Ambas destacaron la calidad de las actuaciones, el manejo del ritmo, los recursos escénicos y, especialmente, el cuidado con que la puesta en escena aborda problemáticas que atraviesan la vida de adolescentes y jóvenes.
“Yo desde el público estoy eufórica por lo que acabo de ver”, expresó Sonia Daniel al iniciar el diálogo. La directora compartió que lloró al final de la función y describió como “hipnótico” el efecto que tuvo el comienzo de la obra sobre la audiencia.
“Demonios blancos” sigue a Rogelio, un adolescente que despierta en un espacio suspendido entre la realidad y la memoria, donde enfrenta sus miedos, heridas y recuerdos. A través de su historia, la puesta en escena aborda la violencia que vive un joven gay, el rechazo, la presión por encajar, la culpa y el deseo de ser visto y aceptado.
Para Leila Schmukler, uno de los mayores aciertos del montaje es encontrar momentos de humor dentro de una historia que trata asuntos dolorosos. Señaló que esa combinación permite dar aire a la obra, aliviar la tensión y mantener abierta la reflexión.
La directora explicó que llevar al escenario temas como el suicidio, la homofobia, el acoso y la difusión de videos sin consentimiento exige un cuidado particular. En este caso, reconoció una aproximación empática y un equipo consciente de la responsabilidad que implica representarlos ante un público joven.
“Yo sentí en el trabajo artístico una gran responsabilidad”, dijo Schmukler, quien destacó el compromiso del elenco con las problemáticas abordadas. A su juicio, el montaje permite que quienes están en la sala se acerquen a ellas desde la comprensión y el acompañamiento.
Como ejemplo de esa conexión, relató que al terminar la función vio a un joven ponerse de pie y recibir el abrazo de sus amigas. También observó miradas cómplices y otras expresiones de emoción entre el público. Para ella, esas reacciones mostraron la capacidad del teatro para acompañar experiencias que muchas veces resultan difíciles de expresar.
Sonia Daniel añadió que la obra invita a pensar sin recurrir a la “moralina”, es decir, sin convertir la historia en una explicación de lo que el público debe hacer o pensar. Durante el intercambio también se destacó que sus giros dramáticos mantienen abiertas las preguntas y sostienen la reflexión sobre los conflictos de los personajes.
Durante la conversación, las directoras también elogiaron las actuaciones y la comunicación entre quienes integran el elenco: Haru Alatorre, Enrique Alcántar, Iain Alcántara, Betzy Domínguez y Nahím Márquez. Reconocieron la escucha, la precisión y la fluidez de un trabajo colectivo en el que los movimientos y las intervenciones se articulan con naturalidad.
En el análisis técnico señalaron la coordinación corporal y la construcción de imágenes mediante el encuentro de los cuerpos. Entre los ejemplos mencionaron una secuencia en la que el brazo de un intérprete se integra a la acción de otro con una guitarra, así como el uso de los pies y otros movimientos que enriquecen la narración más allá de las palabras.
También destacaron la pantalla, las proyecciones y la estructura móvil de la escenografía, junto con los bancos que entran, salen y se apilan durante la función. Valoraron tanto el diseño de estos elementos como la manera en que el elenco los utiliza para transformar el espacio y acompañar la historia.
Otro de los aspectos reconocidos fue el manejo del ritmo y la energía: las pausas, los cambios de intensidad y la aceleración de las últimas escenas, que contribuyen a la respuesta emocional del público. Las directoras consideraron que estos recursos están integrados al montaje y permiten que la obra fluya.
Sonia Daniel dedicó parte de sus comentarios al tratamiento del amor. Señaló que, aunque es uno de los grandes temas del teatro, llevarlo a escena con claridad y sensibilidad representa un reto, especialmente entre intérpretes jóvenes y en los tiempos actuales.
En “Demonios blancos”, dijo, las miradas, la sutileza y la expectativa de un acercamiento entre los personajes consiguen involucrar al público en la historia. Recordó las expresiones de la audiencia hacia los personajes y las reacciones que acompañaron distintos momentos de la función. “Hablar de amor a mí me parece muy esperanzador y yo se los agradezco”, expresó.
Hacia el final del diálogo, Leila Schmukler compartió que a la presentación asistieron tres grupos de una secundaria donde trabaja, ubicada en Piedrabuena, en la periferia de Buenos Aires. Comentó que probablemente, para parte de ese alumnado, ésta fuera su primera experiencia en una sala teatral como el Cervantes.
La docente explicó que en ese entorno existen problemáticas sociales y expresiones de homofobia, por lo que valoró la posibilidad de que sus estudiantes conocieran una obra que aborda estas experiencias. Consideró que, además del público del festival, jóvenes de escuelas públicas de distintos barrios podrían conservar por mucho tiempo el recuerdo de la función.
Para Héctor Castañeda Arceo, la presentación permitió mirar el proyecto desde una nueva perspectiva, después de meses concentrado en los preparativos y las responsabilidades de un viaje internacional.
En entrevista, el director agradeció a las familias, a las personas e instituciones que apoyaron al grupo y, especialmente, a la Universidad de Colima. Explicó que, una vez concluida la función, pudo tomar distancia de la presión organizativa y apreciar con mayor claridad el alcance del trabajo realizado.
“Ahora que tomo distancia, entiendo mejor el sentido y la fuerza que tiene el proyecto, una fuerza intrínseca de un trabajo que se ha construido con mucho cariño, con mucho esfuerzo de parte de los chicos”.
Añadió que esa percepción se fortaleció al conocer las impresiones del público y observar el efecto de la obra en una función realizada en un teatro importante para la comunidad escénica argentina. “Estoy al mismo tiempo aturdido, maravillado, sorprendido y agradecido”, compartió.
La presentación en Buenos Aires se suma al recorrido de “Demonios blancos”, estrenada en mayo de 2026 y ganadora del primer lugar de la categoría A, correspondiente a producciones de nivel bachillerato, del Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU).
Castañeda adelantó que el grupo recibió una invitación para continuar en la cartelera de los teatros de la UNAM, derivada de ese reconocimiento, y expresó su deseo de que el próximo año la obra tenga más funciones. Previamente, también había manifestado su interés en llevarla a los bachilleratos de la Universidad de Colima.
La puesta en escena cuenta con dirección de Héctor Castañeda Arceo y dramaturgia de Martín Quetzal; diseño del espacio escénico de Pedro Pazarán T.; iluminación y vestuario de Victoria Gabriela Guzmán; ilustraciones de Christopher Gómez y coreografía de Vivian Castrejón. Diego Chávez y José Pech están a cargo del traspunte de video y audio, respectivamente. La producción y coordinación corresponden a Ana Rosa Virgen Solano. El montaje es una producción de Orión en la frente, grupo de la Universidad de Colima.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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