

EL FUTURO NOS ALCANZÓ
POR: Balvanero Balderrama García
balvanero@gmail.com / @Balvanero.B
Envejecer es natural. Hasta donde sé, que no es mucho, es un ciclo que se cumple, con temporalidades, ritmos, procesos distintos.
En distintas culturas, las personas adultas mayores -ancianos, ancianas- eran consideradas fundamentales para su sociedad. Se les trataba con gran respeto y veneración, y tenían una participación destacada. Los pueblos originarios de América les asignaban el papel de guardianes de la memoria colectiva, de la medicina y de la lengua.
Hoy, pareciera ser que ser que las personas adultas mayores representan la decrepitud, lo obsoleto, la enfermedad y, muchas veces, se les considera un estorbo. Hay muchos discursos y faltan acciones reales y concretas.
El 1 de octubre, desde 1990, es el día dedicado por la ONU a incentivar y promover el reconocimiento de la contribución al desarrollo económico y social que han realizado las personas adultas mayores. Este año, el lema se enfoca en cómo los sistemas sociales, económicos y las instituciones responden a sociedades que viven cada vez más tiempo.
No es cosa menor reflexionar sobre esta era de la longevidad. Los retos que implica adecuar los sistemas de salud, movilidad, ocio, pensiones; en fin, replantearse cómo atender de manera integral a la población mayor.
El futuro nos ha alcanzado. Recientemente el INEGI, con los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, confirmó este fenómeno demográfico: el envejecimiento de la población. Y el estado de Colima presenta indicadores por encima de la media nacional.
Entonces, estamos en una era de pensar-actuar. Como aquel método propuesto por el sacerdote belga Joseph Cardín en los años treinta y adoptado en América Latina en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Colombia, en 1968: ver-juzgar (pensar)-actuar.
No hay que pensar qué haremos cuando… La realidad está aquí. Y son necesarios, a la voz de ya, servicios adaptados a las necesidades de una sociedad con características muy específicas: ciudades que permitan su movilidad, más allá de pensar únicamente en vialidades para autos; un servicio de salud que atienda y realice acciones importantes de prevención; espacios para el esparcimiento y el ocio de las personas adultas mayores; así como estancias de día que proporcionen una diversidad de actividades que les diviertan, les permitan aprender y socializar en un mundo cada vez más conectado tecnológicamente pero, en la misma proporción, cada vez más alejado del cercano, con quien comparto espacio pero no tiempo.
No hay que temer a envejecer. Hay que prepararnos para ello y disfrutar cada etapa de nuestra vida. Y, como todas las cosas que valen la pena, no es responsabilidad solo de las instituciones, sino de todas y todos, cada quien en su ámbito de responsabilidad y competencia.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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