

“LA PERSEVERANCIA EN LA VOLUNTAD DE DIOS ES LO QUE VALE ANTE SUS OJOS”
MT 21,28-32
POR: Pbro. Jorge Armando Castillo Elizondo
Hermanos, continuando con la meditación del Evangelio dominical, ahora nos adentramos en la parábola de los dos hijos invitados a trabajar en la viña de su padre. Recordemos que estas figuras literarias nos ayudan a comprender el misterio del Reino de Dios y sobre todo, las disposiciones del hombre frente a la invitación que nos hace Dios. Despúes de meditar sobre los trabajadores llamados a diferentes horas, ahora la imagen se hace más familiar, y por tanto más fuerte. Aqui ya no cuenta la ignorancia de la voluntad de Dios, sino el rechazo de la misma. Estamos llamados a responder con alegría y tenemos tiempo de cambiar de opinión, si no hemos estado cerca de Dios.
Todos, absolutamente todos, hemos entrado en el dilema de realizar o no algo que nos han pedido, algo que hemos proyectado o algo que nos han sugerido. Generalmente nos movemos guiados por algo: un interés, un deseo, un sentimiento, unas normas, etc. Dentro de esta pluralidad de posibilidades nuestro interior se inclina siempre por lo que nos gusta y nos apetece. Rechazamos lo que nos desagrada y procuramos con pasión lo que nos agrada, aún cuando esto nos haga mal. Siempre estamos en tensión, y desde pequeños hemos experimentado el gozo de la obediencia y también la pena y la vergüenza de la desobediencia.
El texto del Evangelio nos presenta la invitación a trabajar, que hace un Padre a sus hijos. El primero hijo le respondió: “No quiero, pero después se arrepintió y fue” (v. 28). El segundo respondió “Voy, Señor, pero no fue” (v. 29). En este momento no cuenta lo que dijeron al principio, sino lo que realmente hicieron. En la vida, lo importante no es lo que digamos, sino lo que hagamos. Las palabras no pueden acayar el testimonio, pero el testiomnio si destruye las palabras.
Jesús en una ocasión dijo a sus discipulos, refieiendose a los fariseos “Hagan, pues, y observen todo lo que les digan; pero no imiten su conducta, porque dicen y no hacen” (Mt 23,3). Por tanto, es urgente que tengamos en nuestra mente los valores fundamentales para el hombre: el bien, la vida, el respeto, el amor, la compasión, la humildad, etc., y desde ellos hacer nuestras elecciones y decisiones.
Las ideas revolucionan y cambian el mundo, así como la mentalidad crea la cultura. Hay que poner atención sobre los parámetros en que se mueve el mundo, no vaya a ser que terminemos haciendo lo que no queremos, por haber perdido nuestros criterios y convicciones. Cuando nos acostumbramos a vivir en la verdad, nuestras acciones se dirigen por ese sendero, pero cuando convivimos con la mentira y el error, tomamos caminos oscuros que nos llevan a la destrucción y a la muerte. Sabemos, sin embargo, que mientras hay vida, hay esperanza. Siempre se puede recomenzar, se puede enderezar el camino y se puede reformar la propia vida. Así lo decía el profeta Ezequiel: “si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará su vida. Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá” (Ez 18,27-28). El profeta insiste en poner atención al proceso interior que nos lleva a dejar el camino del mal para regresar al camino de Dios.
La conciencia será la mejor maestra en tiempos de duda e incertidumbre. Cuando nos decidamos a seguir y perseverar por el camino del bien, ella nos alentará a perseverar y seremos más fuertes; cuando estemos en peligro de desviarnos del bien, ella nos recordará el bien mayor. De hecho, cuando hacemos algo malo, decimos: “me remuerde la conciencia”. Por eso, no olvidemos que la conciencia se forma, se educa y se fortalece, mediante la práctica del bien, en el amor a la verdad y en la unión con Dios, que es la fuente de todo bien.
Total de Visitas 299326689
A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
Desarrollada por HMH Sistemas
Template by OS Templates