

*Alma Celia Galindo dijo que la expansión de las tecnologías digitales modifica las formas de convivencia y genera nuevos desafíos para el trabajo social, entre ellos la exclusión, la violencia en línea y el acceso equitativo a los entornos digitales
El crecimiento del uso de tecnologías digitales, la inteligencia artificial y el manejo de datos personales está modificando las formas de socialización, pero también genera nuevas problemáticas psicosociales y formas de exclusión que requieren atención desde el trabajo social.
Así lo planteó la profesora investigadora de la Facultad de Trabajo Social, Alma Celia Galindo Núñez, durante la charla “Derechos Digitales y Trabajo Social: Desafíos para la inclusión y la justicia social”, impartida en el marco del Encuentro por los Derechos Digitales: Habitar y Resistir desde Colima, organizado por la Facultad de Trabajo Social y la asociación civil Cultivando Género Colima.
Galindo Núñez señaló que los llamados derechos digitales pueden entenderse como una extensión de los derechos humanos, aunque advirtió que su existencia formal no garantiza necesariamente su cumplimiento en la práctica.
Ante estas nuevas formas de interacción, explicó, las tecnologías pueden contribuir a transformar la vida cotidiana, pero también reproducir desigualdades. Por ello, propuso analizarlas desde distintos ángulos: como herramientas, desde el grado en que han sido incorporadas a la vida social, a partir de las competencias que requieren las y los profesionales del trabajo social y, sobre todo, colocando siempre a las personas en el centro de la intervención.
Como ejemplo de estos cambios mencionó los chats vecinales, que permiten una comunicación constante y amplia, pero que al mismo tiempo pueden sustituir formas de convivencia directa entre las personas de una comunidad.
La investigadora subrayó que las y los trabajadores sociales no necesitan comprender la tecnología simplemente porque esté de moda, sino porque la realidad social en la que intervienen ha cambiado. Por ello, invitó al estudiantado a no preguntarse únicamente qué puede hacer la tecnología por el trabajo social, sino también al servicio de quién funciona, quiénes se benefician y quiénes pueden quedar excluidos.
Otro de los retos, añadió, consiste en identificar de qué manera pueden incorporarse las herramientas tecnológicas a la práctica profesional para mejorar la atención y el acompañamiento de las personas y comunidades con las que trabajan.
En materia de justicia social, Galindo Núñez señaló como temas pendientes la atención a la violencia digital, el acoso en línea, el ciberbullying o ciberacoso y los discursos de odio, particularmente cuando afectan a grupos históricamente discriminados o a personas que enfrentan condiciones de vulnerabilidad.
También destacó la importancia de proteger los datos personales que se recopilan durante la digitalización de trámites y servicios sociales, a fin de evitar vulneraciones a la privacidad y la dignidad de las personas usuarias. Al respecto, explicó que la digitalización de los servicios sociales obliga a establecer límites claros sobre la recopilación, uso, almacenamiento y divulgación de información personal.
Finalmente, señaló que la protección de datos sensibles se ha convertido en un tema central en distintos países y que en México existe ya un marco legal específico en materia de protección de datos personales.
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