

ESCUCHAR Y ENTENDER LA PALABRA DE DIOS ES FUENTE DE DICHA
MT 13,1-24
POR: Pbro. Jorge Armando Castillo Elizondo
Hermanos, estamos meditando del Evangelio de san Mateo, la sección sobre las parábolas de Reino de Dios. Las parábolas pertenecen al grupo de los ejemplos que buscan dar una enseñanza, partiendo de un signo de la vida cotidiana que todos puedan comprender. Parábola significa “comparación”, y es una forma de relato. Hoy el Evangelio nos presenta la parábola del “sembrador” y no sólo, sino también la explicación dada por Jesús a los discípulos. Meditaremos el contexto, la figura y su aplicación.
Existe una frase de Aristóteles que dice: “no hay nada en la inteligencia que no haya pasado por los sentidos”, dando a entender que todo lo que conocemos y llevamos dentro de nosotros ha pasado por medio de los sentidos. La vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto nos permiten entrar en relación con el mundo exterior; y por medio de ellos, nuestro interior, (mente/corazón/alma) se van cultivando hasta llegar a grandes niveles. Existen realidades o verdades que no se pueden expresar directamente, sino indirectamente y por mediación de algunas imágenes o algunos ejemplos. En nuestro bagaje cultural hay muchísimas cosas que no podemos expresarlas sino con ejemplos e imágenes.
Pues bien, si esa es nuestra manera de conocimiento, Dios ha querido acercarse al hombre también por los medios y las mediaciones que le son naturales y familiares. Ha manifestado la grandeza de su poder en el mundo, para que, con sus ojos, el hombre pudiera contemplarle; ha dirigido su palabra para que pudiera reconocerle, y finalmente ha enviado a su Hijo, que, siendo hombre como nosotros, hace comprensible el misterio de Dios. La palabra es sin duda el instrumento más eficaz para hacer llegar al corazón del hombre el conocimiento. Así pues, la palabra de Dios tiene un grandísimo valor en nuestra vida, ya que siendo palabra “viva y eficaz”, tiene la fuerza y la unción del Espíritu para transformar el corazón.
En el Antiguo Testamento, encontramos diversos testimonios del diálogo entre Dios y los hombres, por ejemplo, con Abraham: “Sal de tu tierra…” (Gen 12), con Moisés: “Quítate las sandalias que el lugar que pisas es sagrado” (Ex 3,5), pero de manera especial encontramos el diálogo entre Dios y los profetas (Dt 18,22; Is 6,7-9; Jer 1,4-5), que son trasmisores de la palabra de Dios. El profeta al dirigirse al pueblo utiliza una frase: “Así dice el Señor…”, dando a entender que la comunicación viene de Dios hacia el hombre por mediación de ellos. La finalidad de la comunicación de la palabra de Dios es que el hombre le conozca y camine según su voluntad para que pueda vivir. Tristemente el mensaje profético no era escuchado y mucho menos valorado por el pueblo de Israel, que prefería fiarse de sus caprichos personales al margen de Dios (Ez 3,7).
Hoy escuchamos la alusión que hace Jesús del Profeta Isaías, referente a la negación de escuchar la palabra de Dios, dice: “Oirán, pero no entenderán, mirarán, pero no verán. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado” (Mt 13,14-15; Is 6,9), mostrando así el origen de la incomprensión a la palabra divina. Si nos damos cuenta, el problema no está en Dios, que pudiera hacer incomprensible su verdad, no, el problema está en el interior del hombre. Cuando nos cerramos interiormente, ni siquiera la verdad más evidente es comprensible.
Que nuestra meditación de este domingo nos haga preguntarnos cuál es la disposición de nuestro corazón frente a la Palabra de Dios y cuáles son los principales obstáculos a la Palabra en mi vida. Pero, sobre todo, pidamos que nos permita ser tierra buena para acoger su Palabra con alegría y poder así perseverar en medio de las tribulaciones.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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