

MATERNIDAD INFANTIL
POR: Balvanero Balderrama García
balvanero@gmail.com / @Balvanero.B
Hay realidades que las estadísticas logran visibilizar, pero que se quedan en la frialdad de los números.
Sin embargo, algunas de ellas, por distintas razones, suelen impactarnos más: la pobreza, la violencia en sus diversas manifestaciones, el trabajo infantil en espacios peligrosos, el feminicidio, las personas desaparecidas. Y también, la maternidad infantil.
El 9 de mayo se conmemora en nuestro país el Día Nacional de la Salud Materna y Perinatal. Es una fecha que invita a reflexionar sobre distintos temas: el cuidado durante el embarazo, la salud materna, la prevención de riesgos y, habría que decirlo también, la violencia obstétrica.
En este contexto, vale la pena compartir algunos datos que ayudan a dimensionar lo que ocurre en el país y, en particular, en Colima, con la llamada maternidad infantil. Hace apenas unos días, la conversación pública giraba en torno a las infancias y sus derechos: educación, esparcimiento, identidad, entornos seguros, por mencionar algunos.
Al revisar cifras de hace dos años (2024), provenientes de las Estadísticas de Nacimientos Registrados del INEGI, se reportaron 385 nacimientos de madres de entre 11 y 17 años en Colima. El desglose es el siguiente: una madre de 11 años, dos de 12, cinco de 13, 57 de 15, 127 de 16 y 193 de 17 años. Si restamos un año para aproximarnos a la edad en que quedaron embarazadas, el rango se ubica entre los 10 y los 16 años.
Si cruzamos estos datos con la edad del padre al momento del nacimiento, aparecen cifras que, en pleno siglo XXI, en México y en Colima, resultan alarmantes. Por ejemplo, hay cinco casos en los que la madre tenía 16 años y el padre entre 30 y 34. Un caso aún más extremo: una madre de 17 años y un padre mayor de 50 (INEGI, ENR 2024).
No hace mucho leí sobre un caso que parece inverosímil: una niña de 5 años que dio a luz en 1939, en un país de América del Sur. Existen notas periodísticas y ensayos que documentan esa situación extrema.
Cuando se conocen situaciones límite como el embarazo infantil, la desaparición de personas, los feminicidios o el trabajo infantil en condiciones peligrosas, es común que la mirada se centre en el entorno inmediato de quienes están involucrados: se emiten juicios, se hacen conjeturas.
Sin embargo, la responsabilidad también recae en la sociedad en su conjunto, en las instituciones y en las prácticas que permiten que estos contextos de violencia persistan. En mirar y, aun así, voltear hacia otro lado. En esperar únicamente las fechas del calendario dedicadas a cada problema para pronunciar discursos, organizar actos, portar moños o montar guardias de honor. No es que no sea importante pero no es suficiente.
Se necesita un compromiso real y sostenido: que se traduzca en el cumplimiento de la ley, en una educación que contribuya a transformar normas sociales, en la participación activa de la comunidad y en liderazgos que se interesen genuinamente por las personas y actúen en consecuencia.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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