

POR CRISTO, TAMBIÉN NOSOTROS SOMOS AGRADABLES AL PADRE
MT 3,13-17
POR: Pbro. Jorge Armando Castillo Elizondo
Este domingo celebramos el Bautismo de Jesús en el rio Jordán. Llegamos al término del tiempo de Navidad, y la próxima semana comenzaremos el tiempo ordinario. Esta celebración nos recuerda que el Bautismo es el inicio de un recorrido en compañía de Dios, como hijos suyos guiados por el ejemplo y el testimonio de Cristo, el Hijo amado. Gracias a Él, podemos decirlo sin dudar que en este mundo la gracia más grande que Dios nos pudo ofrecer es el nacimiento por medio del agua y del Espíritu, porque de esa gracia dependen todas las demás. El bautismo es inicio, preludio, anticipo y síntesis de todas las bendiciones de Dios para el hombre.
Desde la antigüedad, el hombre por más bueno y noble que pueda ser, experimenta en sí mismo una fuerza y una atracción hacia el mal que no le deja vivir plenamente en el bien. Nosotros le llamamos la fuerza del pecado, o de otra manera, la concupiscencia. El mal realizado y la injusticia permitida nos mancha y nos debilita, al punto que instintivamente deseamos limpiarnos; a veces, psicológicamente queremos sentirnos que estamos bien, que era necesario, que lo merecían, etc., sin darnos cuenta que esos pensamientos solamente agravan más la situación de división interior.
En este contexto, los rituales de purificación tenían esa finalidad, buscar limpiar desde dentro lo que es evidente. Algo así como en nuestros tiempos, donde alguno que tiene la conciencia intranquila y en lugar de ir al encuentro con Dios y su misericordia, se somete a terapias, técnicas, meditaciones, limpias y temazcales que apaciguan el alma, pero ese no es el camino. El cuerpo se puede limpiar y hasta perfumar, pero el alma conservará ese hedor que nadie sino solo Dios podrá purificar.
Debemos aprender más de Dios y de su pedagogía, Dios nos ofrece siempre la salvación y el perdón en su Hijo Jesús. Lo decía ya el profeta Isaías: “He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones” (Is 42,1). Esa es la misión del Hijo de Dios, su presencia entre nosotros para salvación de todos.
En tiempo de Jesús, cuando aparece Juan bautista en la escena, bautizando en el Jordán, había ya una clara noción que era necesaria una purificación que pudiera ser el inicio de un nuevo estilo de vida, todos aquellos que reconocían sus pecados, sus faltas e injusticias se hacían bautizar. Jesús al dirigirse hacia Juan para ser bautizado lo hacía para recibir el signo del bautismo y dar inicio al signo que tendrá la fuerza de Dios para trasformar desde dentro al hombre. Es tan incomprensible el gesto que el mismo san Juan se rehúsa a bautizarlo, se siente tan indigno que le manifiesta que él tendría que ser bautizado. En la respuesta de Jesús encontramos el sentido: “Deja así, pues conviene que de este modo cumplamos toda justicia” (Mt 3,15), casi a significar, hagámoslo para cumplir con el proyecto de Dios, de mi Padre. En este gesto podríamos ya intuir que el bautismo es necesario y es voluntad d Dios para gozar de la filiación divina, por eso la insistencia de Jesús al término de su misión terrena entre nosotros: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19-20). Imaginemos la grave responsabilidad de aquellos que reniegan o impiden el bautismo de sus hijos, porque están oponiéndose al deseo de Dios, de que todos los hombres lleguen a la verdadera unión con Dios.
En Cristo, los cielos están abiertos para que descienda de una vez la gracia de Dios sobre el hombre. La voz del cielo nos hace escuchar a nosotros hoy el testimonio más importante de Dios, que Jesús es su Hijo, su hijo amado en quién tiene puestas sus complacencias. Valoremos el Bautismo que hemos recibido y sobre todo oremos por aquellos que desconociendo su valor e importancia se jactan de no recibirlo. Dios se compadezca de aquellos ojos que no quieran ver el cielo abierto y de aquellos oídos que se cierren a la voz del Padre, que lo único que desea es que seamos de verdad hijos suyos.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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