

“DESPIERTOS Y VIGILANTES PARA ESPERAR LA VENIDA DEL SEÑOR”
MT 24,37-44
POR: Pbro. Jorge Armando Castillo Elizondo
Hermanos, iniciamos hoy con el tiempo de Adviento un nuevo año litúrgico. Durante este recorrido nos acompañará el Evangelista san Mateo. El Adviento es un tiempo especial de gracia para prepararnos a la celebración de la Navidad; el recuerdo del nacimiento de Cristo es llamado también, su primera venida. Recordábamos el domingo anterior que Cristo vendrá en su gloria como Rey y Señor del universo, en cambio, en este inicio del Adviento en medio de nuestras responsabilidades, atendemos también su venida, la venida de Jesús en su carne, su nacimiento.
Un encuentro importante en esta vida no se improvisa, y esto podemos referirlo con toda certeza al encuentro con Dios. La presencia de Dios en nuestra vida es clave para encontrar sentido a todo lo que hacemos, para delinear un nuevo proyecto de vida y para dar nuevos horizontes de vida, donde la corrupción y la maldad este excluida. Así lo escuchamos en las palabras reconfortantes del profeta Isaías, que son un paréntesis dentro de los infortunios que caerán sobre Jerusalén; se abre una visión sobre el monte del Señor, un mensaje futuro y muy alentador para los que están dispersos: «Vengan, subamos al monte de Yahvé, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos» (Is 2,3). Como podemos observar, el punto de llegada es Dios, se subirá el monte, se entrará en la casa, pero el importante es Dios quien instruye y guía, quién pondrá fin a la guerra, ofreciendo el don de la paz; afirma también el texto: “No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra. Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahvé́” (Is 2,4-5).
Ese camino hacia la luz de Dios, del que hablaba el profeta, es el camino que nosotros hoy comenzamos al iniciar el Adviento, por tanto, es necesario abandonar la tiniebla y sus obras con prontitud, así como lo expresaba tan convencido san Pablo a los cristianos de Roma: “La noche va muy avanzada y está cerca el día: dejemos, pues, las obras propias de la oscuridad y revistámonos de una coraza de luz” (Rom 13,12). El camino y la subida al monte del Señor para alcanzar su Luz, es un proyecto de vida personal que no puede esperar, por ello, debemos tomar la determinación de hacer algo para permitir que la luz de Dios vuelva a iluminar o ilumine con mayor claridad nuestra vida.
El primer paso es ponerse de pie y dirigirse hacia Él, acompañados por el don de la alegría, así como lo insistía con efusión el Salmista: “¡Qué alegría cuando me dijeron: ¡Vamos a la Casa de Yahvé! ¡Finalmente pisan nuestros pies tus umbrales, Jerusalén!” (Sal 121,1-2). Si nos damos cuenta, una actitud constante en el Antiguo Testamento es el esfuerzo del hombre por llegar a Dios en medio de sus muchas limitaciones, en cambio, este esfuerzo es correspondido con el mensaje del Nuevo Testamento, es Dios el que sale al encuentro del hombre en la persona de su Hijo, quién propicia este encuentro y atrae al hombre hacia Él. Ya no vamos a un punto físico, a un monte o a una ciudad, sino a una Persona que ha venido a nuestro encuentro, vamos hacia Cristo.
Para nosotros bautizados ha comenzado ya el camino de subida al monte para nuestro encuentro con Dios, y puesto que tenemos y profesamos la fe, creemos en la presencia de Cristo entre nosotros, y afirmamos que también vendrá al fin de los tiempos. Hemos iniciado un camino de búsqueda más interior que exterior. Este ejercicio interior, tendrá sus repercusiones en la vida misma y todos sus componentes. Tengamos muy claro que, una vivencia de las obras de la luz es camino para acercarse a Dios.
Cuando preparamos y esperamos el encuentro con Dios, y cuando somos perseverantes para no fallarle, se abre o se da inicio a una experiencia de comunión con Él que ya desde ahora trae sus frutos. El primer fruto del encuentro entre Dios y el hombre es la paz. Por tanto, vayamos con alegría al encuentro del Señor, siendo instrumentos luminosos para los hermanos y aprovechemos las oportunidades que Dios nos ofrece de comenzar una vez más un recorrido que nos bendiga y nos transforme.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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