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EL SEGUIMIENTO DE CRISTO, FUERZA Y SABIDURÍA PARA LA VIDA
LC 6,17.20-26
POR: Pbro. Jorge Armando Castillo Elizondo
El seguimiento de Jesús nos pone en camino de perfección, por eso, acompañamos al Señor como discípulos, ya que queremos no sólo escuchar y ver sus signos, sino que deseamos también poner en práctica su palabra. Esta es la vocación a la que estamos llamados en esta vida, a ser seguidores de Jesús para vivir ya desde ahora las implicaciones del Reino de Dios.
Asumir y vivir el Evangelio causará en el discípulo una confrontación con el mundo y su mentalidad, al punto que muchos podrán afirmar que estamos siguiendo ideales de un pasado inalcanzable y practicando doctrinas pasadas de moda, pero no es así, no olvidemos que la palabra de Dios, igual que sus promesas, no pasan de moda y no cambian con el paso de los tiempos. Debemos confiar en lo que hemos creído y soportar la lucha que eso comporta, porque la recompensa y la dicha será grande y eterna.
En la naturaleza podemos encontrar tantos ejemplos que nos muestran cómo las creaturas, para subsistir, hacen uso del mimetismo, se confunden con el entorno para pasar desapercibidas y evitar ser devoradas o destruidas. El hombre, compartiendo la creaturalidad con todos los seres, en muchas ocasiones hace uso también de este mimetismo, sea interiormente como exteriormente: miente, para no afrontar la verdad; aparenta, para ser semejante a otros; y se esconde, para evitar o evadir responsabilidades, etc. Pero, lamentablemente el pecado ha deformado la interioridad del hombre y todo este entramado de mentira, falsedad, maldad y engaño es puesto en práctica, acarreando males y situaciones desastrosas.
De frente a esta situación, la Verdad y la Sabiduría de Dios viene a nuestro encuentro para mostrarnos un principio que nos forme y nos ayude a discernir qué pasos debemos seguir; eso ha llegado al hombre por medio de su Palabra dirigida desde la antigüedad y comunicada, finalmente, con toda autoridad y poder en su Hijo Jesucristo. Cristo, comunicando ese mensaje de Dios, comunica también la fuerza de su Espíritu para poder llevar a la práctica ese modelo de vida nueva que hace frente a la vaciedad del mundo propone.
Cuando una doctrina o pensamiento se queda en la cabeza y no se lleva a la práctica se convierte en una ideología, en cambio, cuando se lleva a la práctica se convierte en acción, testimonio y transformación. Ahora bien, si la doctrina es corrompida y busca el mal, la división y la destrucción serán la consecuencia. Pero si esa doctrina busca el bien, la unidad y la edificación, los frutos serán buenos. Por este motivo, no podemos dudar de lo que Dios nos ha comunicado porque de allí vendrá nuestra fuerza y el verdadero sentido de nuestra vida.
La fe nos inspira y nos mueve a confiar, a esperar y a no desistir; debemos empeñarnos con mucha confianza en vivir cada uno la palabra de Dios, en ser buenos, justos, sinceros, humildes, verdaderos hermanos; en pocas palabras, vivir con autenticidad nuestro cristianismo. No tomemos el camino más fácil: la hipocresía, el mimetismo, la adulación, la doblez, porque estas son las actitudes que impiden que la verdad y la voluntad de Dios habite en el corazón y lo transforme.
No ambicionemos el camino y la vida de aquel que sólo piensa en su placer y se permite todos los excesos, porque la vida, el tiempo y la salud terminan, y el alma permanecerá priva de todo consuelo eternamente. Al contrario, reconozcamos que nuestras privaciones asumidas por Cristo y vividas en la fe, y en la unión con Dios, nos prepararán para una futura vida feliz, que ya se anticipa desde este mundo. Que la palabra de Dios sea el proyecto de vida, la luz en el camino, la fuerza en la debilidad y la defensa en el peligro. Solo confiemos de verdad y seamos verdaderos discípulos (mathetés), de aquellos que no solo escuchan el Evangelio, sino que, con la ayuda de Dios, también lo ponen en práctica.
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A partir del Lunes 11 de Abril de 2011
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