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EL BURLADERO

Administrador Colimapm | Opinión | 22/02/2022

DE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA (PARTE II).

POR: FERNANDO HERRERA RINCÓN

En la columna anterior iniciamos con el extenso tema de la participación política y algunos aspectos de la misma, en esta ocasión seguiremos ahondando en la materia explicando un poco lo que constituye la participación electoral. Antes de comenzar cabe mencionar que diversas voces consideran que un tema tan amplio como la participación electoral necesita un campo de estudio separado del resto de la participación política, en lo personal opino que no debe ser así, si bien es un área muy grande para el análisis esta no deja de formar parte del estudio de la participación, no se puede entender la participación electoral en sus diversos aspectos sin encontrar en su centro a la participación política.

Si bien el ámbito electoral de la participación puede no ser más  importante, sí es el que cuenta mayor difusión en el mundo, la gran mayoría de los países se denominan como democráticos lo cual en teoría conlleva a que tengan un sistema para la elección popular de sus detentadores del poder público, llámense presidentes, legisladores o como los defina el sistema político utilizado, se considera  también que esta manera de participación cuenta con una mayor capacidad de generar cambios más inmediatos y significativos en los sistemas democráticos competitivos.

Es cierto que el hecho que un país se autodenomine democrático no significa que lo sea, la calidad de democracia no solo la define el tener o no elecciones, si nos basamos en eso entonces la República Democrática de Corea es una democracia lo cual está lejos de la verdad, igualmente la participación de esta índole no necesariamente incrementará la calidad democrática de un país, existen otros puntos que considerar además de la participación electoral para saber si un país es democrático o no, por ejemplo están casos como el suizo donde los niveles de votación para sus elecciones no son muy altos pero lo compensan con otros ejercicios de democracia directa.

Esta manera de participar, si bien no ofrece garantía alguna, es característica en los países con procesos más transparentes, ordenados e institucionalizados (Pasquino), estas últimas tres características son condiciones sine qua non para un buen proceso electoral, en principio la institucionalidad es la primera base para un proceso ordenado, aunque estos dos no necesariamente darán transparencia, recordemos la época máxima del PRI cuando su hegemonía total permitía un proceso ordenado sin embargo opaco debido a su manejo exclusivo del gobierno, fue hasta el avance de la institucionalización de los procesos electorales cuando se inició un camino para la transparencia.

La razón del hincapié en estos tres puntos son bien explicados por el sociólogo Charles Tilly,  quien afirma que los proceso más desordenados se tornan en irrupciones repentinas de masas de individuos en la política durante grandes fases de transformación que llegan asumir rasgos de revoluciones, justo ahí su importancia, las revoluciones son tiempos de cambios disruptivos al Estado de derecho, no hay necesidad de tildarlo como algo negativo, estas pueden significar tiempos de cambios benéficos pero el fin del orden institucional es evitar las rupturas del tejido social que tienden darse en los procesos desordenados y cuyas duraciones tienden a ser largas y complejas.

En un análisis al caso de Italia se encontraron tres tipos de votantes los cuales se pueden encontrar bien establecidos en el sistema mexicano, en primer lugar está el votante de pertenencia, aquí el ciudadano ejerce su preferencia a partir de su área sociocultural lo cual lo llevará a una estable conducta electoral, esto puede verse comúnmente en los militantes de los partidos políticos usualmente de la derecha o de la izquierda, un simpatizante de las causas más inclinadas al izquierdismo tendrá marcada su conducta electoral, puede en cierto punto cambiar de partidos políticos pero muy difícilmente a uno de ideología distinta, en este apartado encontramos al llamado «voto duro» de los partidos políticos. El segundo caso es el votante de opinión, en este caso el elector se considera capaz de elegir de vez en cuando entre las propuestas, partidos y candidatos, estos casos nunca serán parte del llamado «voto duro», también en este apartado se puede ubicar al «voto volátil» que tiende a cambiar su preferencia electoral de último momento incluso estando en la casilla, es de recalcar la importancia que han tenido estos tipos de votantes en los últimos años y debido al crecimiento de sus números pueden ser factores claves para definir la elección. Por último se encuentra el votante de intercambio, este se asocia con las prácticas clientelares de corte no legal de compra de votos o condicionamiento de programas públicos, este definitivamente cae en la movilización más que en la participación, aquí también cabe el «voto duro», sin embargo como ya hemos comentado, estas prácticas son falibles cuando el escenario social lo permita.

Finalizando esta entrega nos debe quedar en claro que los avances para llevar a cabo un buen proceso electoral en México han sido considerables, la creación de instituciones dotadas de autonomía apuntan a fortalecer, ordenar, institucionalizar y transparentar los procesos, sin embargo las democracias jóvenes se enfrentan usualmente a problemas añejos, la solución no se encontrará fácilmente pero eso es tema para otro día, en la siguiente edición continuaremos con nuestra exploración al mundo de la participación política.

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