

¿OTRO PLAN DE ESTUDIOS PARA EDUCACIÓN BÁSICA?
POR: Blanca F. Góngora
Las “benditas redes sociales” como les llamaba López Obrador cuando estaba en campaña, han dejado al descubierto un plan de estudios y marco curricular que, aunque todavía no se “oficializa” se dice se va a implementar cuando empiece el ciclo escolar 2022, es decir, en seis meses más. Ya empezaron los análisis al respecto por los académicos y articulistas que saben del tema, pero las especulaciones entre el magisterio son de frustración e impotencia más que de ilusión, porque este tipo de acciones apresuradas y caprichosas no indican otra cosa más que este gobierno, autonombrado de la “Cuarta Transformación”, está resultando igual que lo que tanto criticaba su titular y en cuestiones de educación, este tipo de acciones son lamentables, como fue lamentable toda la prisa con la que se instauró la llamada Reforma Educativa de Peña Nieto, que se aplicó ya casi cuando estaba en la puerta de salida, como va a suceder con este gobierno otra vez.
Pensar en seis meses para implementar un cambio curricular resulta vergonzoso ante la vista del exterior, es decir, de otros países y un atropello para los maestros y comunidades escolares del país, quienes siempre quedan indefensos frente a los caprichos ególatras de quienes emprenden estas acciones. Los maestros ya saben que si eso se vuelve oficial, vienen una serie de capacitaciones al vapor, acompañadas de oficios y acciones temerarios donde no se les dejará margen para decidir lo que mejor convenga a sus alumnos. Los maestros saben que lo que se ordene en la SEP se debe ejecutar (o simular ejecutar) en cada una de las escuelas sin importar lo mal habilitadas que están y sin importar todas las penurias y deficiencias que sus estudiantes viven, sobre todo en estos momentos en que venimos de 3 años caóticos por los estragos del covid-19. Si esto cristaliza, será una “llamarada de petate” como se dice entre el pueblo bueno y santo que todos conformamos, porque solo faltarían dos años para que termine el sexenio de López Obrador, lo que significa que las campañas están por empezar y con ellas los proyectos, presupuestos etc. se canalizan para eso y por tanto las escuelas y sus maestros quedarán otra vez, como siempre, solamente en el discurso y en las aparentemente buenas intenciones.
Creo que uno de los grandes problemas que ha afectado siempre a nuestro Sistema Educativo Nacional es esa facilidad con que los nuevos gobiernos llegan, quitan e imponen sus “novedades” simplemente porque consideran que lo hecho por “los otros” tiene que ser demolido, borrado. Esto impide que se pueda dar continuidad a un proyecto educativo nacional de largo aliento como lo hizo Singapur en su momento y lo ha convertido ahora en un país referente en cuestiones de educación, con resultados incluso mejores que Finlandia, país este último con alta reputación por su sistema educativo. Singapur hace 50 años, como afirma Saravanan Gopinathan, no era más que una empobrecida isla tropical sin recursos naturales, con un sistema educativo que no era obligatorio y de donde muy pocos lograban egresar, lo que hacía que la preparación de sus habitantes fuera muy deficiente y el ingreso per cápita fuera inferior incluso a algunos países de América Latina. Hicieron un alto y le apostaron a su educación, a sus escuelas públicas donde estudian el 98.5% de sus alumnos, invirtieron en sus maestros porque sabían que tener buenos maestros es un factor importantísimo en el éxito de todos, se enfocaron en el desarrollo del capital humano y en asegurar que todos los niños tuvieran la oportunidad de ir a la escuela. Ahora es un país que dejó de ser pobre, tiene un alto grado de urbanización y continúa con su énfasis en la educación, considerado además un país de los menos corruptos en el mundo junto con Dinamarca y Nueva Zelanda.
Hablando de Nueva Zelanda, considero importante mencionar el proceso que este país emprendió en 2018 para un cambio de asignaturas en su plan de estudios con vistas a implementarse en 2024 y 2025. No lo hicieron en seis meses como se quiere hacer en México, sino que lo proyectaron para seis años. En 2018 se propuso, en 2019 se expuso a la sociedad en general (a todos los sectores tanto educativos o no) porque importaba muchísimo sus opiniones y comentarios y con ello se hicieron ajustes; en 2020 se dieron a conocer los acuerdos, los cambios y procesos para realizar la implementación en 2024 en algunos niveles y en 2025 en el resto, una vez, claro está, que los maestros (y los que estudian para maestros) hayan recibido toda la capacitación y actualización necesaria y se haya dotado a las escuelas de todo lo que esas asignaturas necesitarán para su puesta en marcha, pues la cuestión de presupuesto es fundamental para lograr con éxito dicha implementación y no como nos pasó a nosotros que soñamos con los “Clubes” en las escuelas y nunca tuvimos el recurso para comprar ni instrumentos musicales, ni Legos, ni reactivos químicos ni nada. Lo poco o mucho que se hizo fue, como siempre, gracias a las aportaciones de los padres de familia quienes, a decir verdad, no tienen por qué parchar todas las ocurrencias que los planes curriculares van marcando.
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