
POR: Balvanero Balderrama García
balvanero@gmail.com / @Balvanero.B
NEGAR LO EVIDENTE
A Claudia, en su cumpleaños; pronto los abrazos
Claro y transparente, cristalino, diáfano: lo que es, es; lo que no es, no es. Podemos estar de acuerdo con ello. Sin embargo, ¿por qué nos empecinamos en negar lo evidente?
Como sociedad y también en lo individual, transitamos negando en los hechos lo que aprobamos racionalmente. Por ejemplo: hay que cuidarnos, hacer ejercicio, comer saludable, los excesos son malos…
En esta situación de emergencia que vivimos, hay muchas personas que actúan corresponsablemente; y hay otras que no. Como ejemplo comento lo que se ha manifestado en diversos foros y espacios a propósito de la pandemia que vivimos: las indicaciones son claras, una persona por familia, traer cubrebocas, salir a lo indispensable o por necesidad. Y vemos familias completas, personas, sin el mayor asomo de preocupación.
Quienes le damos seguimiento al crecimiento de contagiados, sospechosos y defunciones podemos apreciar el ritmo acelerado que este tiene en nuestro continente, no digamos en otras latitudes. También se mencionan que por cada contagio hay un número muy superior de no contabilizados; se sugiere, –en algunos de ellos-, multiplicar por diez. Escribo esto y leo la noticia de que los casos en el mundo superan ya los 2 millones 300 mil.
Una de las recomendaciones que se nos hacen, entre muchas, es a leer. La curiosidad me llevó a revisar el dato del Módulo de Lectura del INEGI (febrero 2019): el 61.5 por ciento de las personas alfabetas de 18 y más años acostumbra leer, el 38.5% no. ¿Cuánto tiempo por sesión? El tiempo promedio es de 39 minutos; 40 minutos los hombres y 38 minutos las mujeres. Esperemos que el #quedateencasa ayude a encontrarle más gusto a la lectura.
En estos días en el que tenemos tiempo de revisar y acomodar; encontré una serie de libros electrónicos que bajé y clasifiqué por autor hace más de quince años. Entre ellos, 300 Fábulas de Esopo (fabulista griego del VII adC). Lo revisé e inmediatamente una de ellas captó mi atención, la cual comparto con ustedes; pienso que tiene que ver con lo que vivimos. Subrayo en negritas la enseñanza de la fábula.
Fábula de Esopo. El murciélago y el jilguero.
Un jilguero encerrado en una jaula colgada en una ventana cantaba de noche. Oyó un murciélago desde lejos su voz, y acercándosele, le preguntó por qué cantaba sólo de noche.
-- No es sin razón -- repuso -- porque de día cantaba cuando me atraparon, pero desde entonces aprendí a ser prudente.
-- ¡Pues no es ahora cuando debías serlo, pues ya estás bien enjaulado, sino debió haber sido antes de que te capturaran! -- replicó el murciélago.
La prudencia es para vivirla antes de caer en el error, no para después de la desgracia.
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