PUPITRE AL FONDO

BLANCA F. GÓNGORA | Opinión | 08/02/2018

APRENDIZAJES QUE NOS DEJA PLANEA: URGE COMBATIR POBREZA Y DESIGUALDAD SOCIAL

Leí ansiosa y desesperadamente todas las notas informativas que se publicaron sobre los resultados de la prueba PLANEA (Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes) que se aplicó a los alumnos de tercer grado de secundaria en 2017. Debo decir que no quedé sorprendida con los resultados más recientes que nos informan que  estamos, como nación, mayoritariamente en el nivel I (el más precario) de logro; es decir, que andamos realmente como coloquialmente se dice “arrastrando la cobija” y no podemos todavía dar el salto cualitativo al que tanto aspiramos; pero  también debo compartir que un halo de orgullo momentáneo me invadió cuando leí que nuestro Colima resaltaba entre las entidades con mayor cantidad de alumnos en el nivel IV “sobresaliente” de logro,  tanto en Lenguaje y Comunicación (donde logramos como Estado un segundo lugar nacional) como en Matemáticas (donde alcanzamos un cuarto lugar nacional).  Claro que estoy consciente de que  nuestros resultados no son del todo los deseados, pero también creo justa y merecida la  felicitación que hizo nuestro Secretario de Educación Jaime Flores Merlo a todos los implicados en este proceso,   porque los grandes éxitos se empiezan con pequeños logros  y este es  un gran comienzo; ahora  nos queda el compromiso de la mejora constante y la esperanza de que nuestros gobiernos le apuesten con más recursos a la educación, porque nuestros alumnos pueden y nuestros maestros saben hacerlo.

Es interesante analizar la interpretación que se hace de esos resultados, pero realmente considero que lo más rescatable es que se ha llegado ahora sí, al descubrimiento oficial  y nacional de la hebra de oro: “la pobreza está pesando mucho”, como lo reconoció inteligentemente  el titular de la Unidad de Evaluación del INEE Jorge Hernández Uralde al afirmar  que “las poblaciones más desfavorecidas, que reciben los servicios educativos más precarios, alcanzan menores aprendizajes, y la educación no está cumpliendo su cometido de romper la inercia de pobreza entre las generaciones”. De verdad que considero que la aceptación de este hecho es fundamental, porque ya se deja de culpar única y malosamente al magisterio, pues si bien del maestro dependen muchos factores, no dependen todos. Es tan doloroso por ejemplo, auxiliar a alumnos que se desmayan por llegar a la escuela sin desayunar, o el tener que sujetar con cinta negra o cinta canela el zapato escolar que se abrió de lado a lado, o el escuchar las tribulaciones que el estudiante pasa para trasladarse a la escuela, o el percatarse que nuestros alumnos no tienen ni una cama siquiera para dormir, y que algunos de ellos trabajan y perciben salarios abusivos y horarios esclavistas que les impide realmente obtener un mejor aprovechamiento escolar.

Ahora los maestros a nivel nacional, con esas declaraciones,  podríamos creer que vendrán mejores momentos y estamos incluso contentos, no porque se nos exima de culpas sino porque ha quedado demostrado que mientras no se abatan las extremas condiciones de pobreza de nuestras familias mexicanas (núcleo fundamental de todos nuestros estudiantes de educación básica) no se podrá realmente avanzar en la calidad educativa. No habrá Reforma Educativa que prospere mientras sigamos permitiendo esas enormes brechas de desigualdad social.  Andamos mal en educación, es cierto, pero es sabido  que uno de los grandes pasos para el cambio es reconocer nuestros errores (la pobreza y desigualdad social)  y  en estos casos es de sabios también aceptar que, la letra con hambre no entra (ni entrará).

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