PUPITRE AL FONDO

BLANCA F. GÓNGORA | Opinión | 11/01/2018

2018: MANTENGÁMONOS ALERTA

El inicio de un nuevo año viene generalmente acompañado de optimismo tanto en la continuidad de los proyectos existentes, como en el inicio de otros más. Este año 2018 al iniciar el ciclo escolar 2018-2019 se implementará en su primera etapa el  Nuevo Modelo Educativo, esto significa que  acaba de empezar la cuenta regresiva y todo indica que no habrá marcha atrás.

Entre las muchas incertidumbres que este Modelo Educativo ha generado viene aparejada una mayor, la concerniente a que su implementación coincide lamentablemente con año de elecciones y eso en nuestro país es catastrófico, indefendible, canivalesco y desgastante.  Sabemos de antemano que cada uno de los candidatos será grandilocuente en temas de salud,  seguridad y educación;  cada uno ofrecerá mejoras en estas  áreas  porque lo que  quieren es el voto, el triunfo, en suma,el poder. Para lograrlo aplicarán en todo momento el adagio popular que dice que  “prometer no empobrece”. Pero nosotros, los que dedicamos nuestra vida al sector educativo sabemos y comprobado lo tenemos  que  en cuestiones de educación las promesas no cumplidas sí empobrecen y no solamente en lo económico, también en lo moral, en la armonía social y en lo cultural. Un pueblo inculto, sin valores, sumido en la violencia y con deplorable calidad de vida, no es otra cosa que un pobre pueblo. Bueno fuera que todos los candidatos tuvieran en su bagaje formativo esencial conocimientos acerca de nuestro sistema educativo; que supieran, por ejemplo, las peripecias y vicisitudes de un maestro de pueblo, de lo mal pagados que son los maestros que trabajan bajo la modalidad de contratos o convenios,  de los  grandes gastos que la educación gratuita de nuestro país le implica a un padre de familia, de las  carencias existentes en los planteles educativos, de lo inoperante que resulta muchas veces el currículo oficial, y sería mejor aún  que nuestros candidatos  además  supieran un poco de historia, de filosofía, de literatura y, por qué no, de matemáticas, pues seguramente así tendríamos candidatos más sensibles a la hora de sumar esfuerzos, multiplicar frutos, compartir logros y restarle al gran pesaje que es la corrupción en nuestro país.

2018 es el año: es la oportunidad nuevamente de reflexionar sobre el destino de nuestro país, sobre nuestros dirigentes, sobre lo mal que siempre nos ha ido. Conservemos nuestra incredulidad latente, que no nos engañen, que por lo menos sepan que aunque somos una sociedad sometida y muchas veces pisoteada, somos una sociedad consciente, un sociedad que el día que se decida podrá poner un alto a la barbarie de la insensibilidad y con ello terminar con la pobreza que hasta la fecha ningún color, ni eslogan ni candidato ha podido solucionar. Por sí o por no, mantengámonos alerta, y entre otras cosas valoremos las propuestas que para el sector educativo se van a verter durante las campañas electorales a fin de que no nos vuelvan a tomar, nuevamente, por sorpresa.

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