PARACAÍDAS

ROGELIO GUEDEA | Opinión | 27/03/2011

EL MISTERIOSO CASO DE LOS CONSEJEROS ELECTORALES


Del misterioso caso de los consejeros electorales se puede decir lo mismo que se puede decir de la política en México: cada partido vela por sus propios intereses.

No le creo al PAN que realmente esté buscando consejeros electorales imparciales, democratizadores, porque la historia –que no se equivoca, y ahí está el otro misterioso caso de la Visfocri- nos corrobora que busca a quienes puedan beneficiar los objetivos del partido, y que sólo entonces estará contento. Mientras, todos los consejeros electorales le parecerán “presuntos responsables”.

Esto lo sabe el PRI y actúa en consecuencia. Lo sabe el PRD, y también. Lo saben los pobres partidos que viven de los cotos de poder que le sobran al PAN y al PRI, y actúan también según la avanzada de uno y otro.

No necesita uno detenerse demasiado a analizar cada artículo de la legislación electoral, sobre todo en un país que, en estos casos, lo último que le interesa es respetar el estado de Derecho. Con sólo poner la mano en visera uno se da cuenta de que aquí puede pasar hasta lo imposible.

¿O quién hubiera pensado algún día que el agua (PAN) y el aceite (PRD) iban a dejar su propia esencia ideológica, moral, etcétera, y, movidos por unas inconmensurables ansias de poder, se fundirían en una sola sustancia chiclosa que ya uno no sabe ni qué carajos es? Si ha pasado esto, ¿no podremos esperar cualquier otra cosa?

El PAN se olvida que los mismos males que le achaca al PRI son sus propios males, y lo mismo sucede con los que el PRI le achaca al PRD, y el PRD al PAN, y así hasta el cuento de nunca acabar. Todos los partidos están enfermos porque, en el fondo y la superficie, ninguno piensa en el bienestar social.

Por eso voy a ser muy claro en este misterioso caso de los consejeros electorales: PAN, PRD y PRI, no se dejen. Y que gane el mejor.

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