PARANORMAL

NANCY GONZÁLEZ FLORES | Opinión | 01/03/2011

LA POSADA EMBRUJADA DE COMALA (CONTINUACIÓN)


Después de dos o tres horas, claramente escuché unos rechinidos de una soga que se balanceaba de un lugar a otro, sonido que provenía de afuera de la habitación”.

“Los rechinidos eran insoportables y no permitieron continuar con mi sueño, por lo que me puse de pie y me asomé por la ventana, en donde vi una silueta humana que colgaba del árbol, misma que rebotaba en la barda continua”.

“Así que salí inmediatamente para ver si aún podía auxiliar a la persona en dado caso de encontrarse con vida. Pero cuando logré llegar a dicho árbol no había nada, cuando regresaba a la entrada me encontré al velador quien me miró de extraña manera quien no manifestó nada al respecto”.

“No sé ni como pude conciliar el sueño de nueva cuenta después de lo sucedido, pero supongo de lo mismo cansado caí rendido en el lecho. A la mañana siguiente a primera hora me dirigí con el mecánico quien me entregó mi vehiculo con el problema resuelto”.

“Solo me quedó dirigirme a la posada para agradecerle a la encargada de la posada por hospedarme. Una de las personas que cuidaban en el mostrador me señaló que se encontraba en la sala central de la posada, en ese momento no le encontré, pero si observar un peculiar cuadro en óleo muy bien hecho que plasmaba el rostro del anciano que se había metido a mi cuarto durante la noche anterior”.

“En ese preciso instante se me acercó la encargada de la posada a quién le agradecí no haberme dejado dormir en la fría calle. Antes de retirarme le pregunté por el ancianito de dicho cuadro. Ella con una amable sonrisa, respondió que se trataba de su padre y fundador de esa casona, quién desafortunadamente había fallecido desde hace 15 años”.

“Mi cuerpo comenzó a estremecerse y mis piernas temblaron incontrolablemente, por lo que le señalé que esa persona había entrado a la habitación que me había rentado y que seguido a ello encontré un cuerpo colgado en el árbol continuo a la habitación. La amable mujer nuevamente sonrío y dijo; “es por eso que no me gusta rentar su cuarto porque siempre se molesta”. En realidad no supe como salí de allí, pero jamás volví a quedarme a dormir fuera de casa o al menos en casonas antiguas”.