PARANORMAL

NANCY GONZÁLEZ FLORES | Opinión | 01/03/2011

LA POSADA EMBRUJADA DE COMALA


El recuerdo de un lugar que tiene historia se repite una y otra vez, pues la muerte se vuelve parte de ese lugar y sorprende al que le rodea. Se dice, que un lugar se vuelve maldito cuando alguien muere en extrema violencia, pena o coraje, es por eso que la emoción permanece en ese espacio que resguarda cómodamente para el servicio del descanso.

La historia es la siguiente; “Hace cuarenta años solía salir de vacaciones con amigos para acampar en ranchos, huertas y lugares donde tuvieran contacto con la naturaleza. Todo ocurrió cuando después de haber recogido nuestras respectivas cosas para marcharnos a Tecomán nos dio por quedarnos un momento más por lo que se nos oscureció, cada quien tomo su vehiculo y emprendió su camino”.

“No se como ocurrió, pero me extravié entre las veredas y verdes vegetaciones que cubrían el camino. No supe ni como llegué a una comunidad rural de Comala, el tiempo se ensañó conmigo cuando al tratar de retomar mi camino, uno de mis neumáticos se ponchó con un alambre de púas y para colmos no contaba con alguna refacción a la mano”.

“Por lo tanto sin excusa alguna me acerqué a las viviendas colindantes para pedir informes sobre algún taller o llantera de la zona, por lo que inmediatamente recibí indicaciones exactas. Una vez de llevar al mecánico donde quedó varado mi auto, dio su veredicto constatando la solución a temprana hora. Ante esta irreversible situación solicité la indicación de algún hotel para pasar la noche”.

“El buen hombre me envió a una posada que gracias a las indicaciones de las personas del lugar logré llegar. Una vez que me presenté con la encargada, solicité una habitación quién me aseguró no poderlo hacer debido a que estaban ocupados todos los cuartos disponibles al público. Por lo que le persuadí para que me permitiera quedar en su recibidor hasta el amanecer y no pasar la noche en plena intemperie”.

“Al notar mi insistencia como desesperación para evitar que me echara fuera de la posada, sintió lastima de mí, por lo que me ofreció un cuarto que nunca antes había sido rentado, cosa que no me importó su motivo y simplemente lo tomé inmediatamente. Había sido una travesía agotadora y lo único que deseaba era un baño para reconfortarme e inmediatamente irme a la cama”.

“No se cuanto tiempo transcurrió cuando quedé profundamente dormido, de pronto sentí unos picotazos en la espalda, por lo que me incorporé para ver de lo que se trataba. Cuando finalmente logré abrir los ojos, visualicé a un ancianito con un bastón mismo que se encontraba sentado en la mecedora continua a la cama donde yo reposaba”.

“Más modorro que lúcido, pregunté lo que se le ofrecía y de porque estaba en mi cuarto, éste dijo que ese era su espacio y que en realidad yo era el único invasor. No le puse atención y seguí dormido.

CONTINUA...