LA PANGA

MAYAHUEL HURTADO | Opinión | 13/03/2017

NO LE ECHEN LA CULPA AL GOBIERNO, QUE CADA QUIÉN ASUMA SU PARTE…

La estadísticas a nivel nacional son por demás desalentadoras para las mujeres, tan fue así que desde el año 2014 la palabra FEMINICIDIO fue insertada al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, para posteriormente utilizarse como el término legal para referirse a los asesinatos de mujeres; hechos lamentables que encabezan las primeras planas de periódicos y titulares informativos en todo el país. Ninguna entidad federativa está a salvo de tener en sus estadísticas los datos desfavorecedores que muestran la crueldad como las mujeres son asesinadas y es la manera tan violenta en la que son privadas de su vida, lo que nos cimbra como sociedad, el darnos por enterados que una más acaeció como víctima de la violencia en su máxima expresión.

Nuestros legisladores viven aletargados, puesto que las penas puestas a los feminicidas aún son insuficientes para inhibir la repetición de éstos asesinatos, es donde en la ley, encontramos aún algunas lagunas que no posibilitan darle puntual seguimiento a un caso, me refiero a la falta de creación de un organismo especializado que cuente con un cuerpo de investigadores, que en cada entidad se dedique a verificar desde las primeras denuncias la exposición de la mujer a las diversas modalidades de violencia, pues actualmente una mujer que se atreve a denunciar una agresión, es sentada posteriormente frente a su agresor para que en un escritorio de Trabajo social, se pongan de acuerdo y regresen a casa en santa paz ¡Estos mecanismos deben cambiar!

De acuerdo con las cifras que tienen expertos en el tema, por cada 40 mujeres que denuncian violencia en una mesa del ministerio público, 400 no lo hacen; esto sin dejar de mencionar que un porcentaje del 80 al 85 por ciento de quienes fueron sentadas frente a su agresor para firmar un papel de “compromiso de no violencia”, jamás ni de broma, regresarán a formalizar una denuncia. En los casos más críticos, una pésima valoración de parte de una psicóloga y de la trabajadora social al determinar el riesgo de la mujer víctima de agresiones, la encamina de forma automática a la antesala de la muerte. Es por ello que en 2014 se estableció que seis mujeres eran asesinadas al día; sin que nada de esto se retomara para reformar leyes en favor de la mujer, en las treinta y un entidades federativas y la Ciudad de México.

Pero también debemos de partir de una gran realidad, no toda la culpa es del gobierno, así es querido lector (a), nuestra idiosincrasia nos lleva a tener ciertas inercias familiares, pues es un hecho que en un gran porcentaje de los hogares en el país, desde que son hijas de familia, a las mujeres se les somete a diversas modalidades de violencia por parte de los hermanos, quienes son los agresores principales y que de manera paulatina, van lastimando el autoestima, es en casa donde la madre solapa a que los hermanos agredan verbalmente y físicamente a sus hermanas. Estos hechos se repiten en algunas situaciones en las escuelas, que es donde se dan cuenta que la alumna está expuesta a un ambiente hostil; pero no solo eso, en el vecindario y en la misma calle, un desconocido ha sido el que ha hecho víctima a la mujer de violencia, más acentuadamente la verbal. Pero eso no termina ahí, en el noviazgo la mujer soporta situaciones en donde es agredida por la parte masculina y si valoramos la parte en que cómo hermana fue agredida, difícilmente como novia será capaz de señalar que la han lastimado.

Por eso esta educación, que insisto, es de casa y de contexto social, expone severamente a las mujeres a ser violentadas, por eso nos encontramos con los casos de acoso escolar, y los más lamentables hay que decirlo, los abusos sexuales de personas que ni siquiera forman parte de su círculo familiar o de amistades. No debemos de olvidar los casos de algunos padrastros que abusaron sexualmente de las hijas de su pareja, tampoco debemos omitir aquellos casos en que los hermanos cometieron ese tipo de abuso ¿Y qué pasó? ¿Cómo fueron apoyadas en casa? ¿Cómo se les preparó desde pequeñas para no exponerse a la violencia?

El tema es más complejo de lo que parece, y son los padres quienes exponen potencialmente a sus hijas, cuando les permiten desde la adolescencia andar a deshoras de la madrugada en bares, discotecas y lugares de entretenimiento, en donde a la 4:00 de la madrugada una mujer fue lastimada en su rostro por el impacto de un botellazo, donde una jovencita fue abusada sexualmente, donde la decisión de amanecer con el ritmo de la fiesta las lleva a dar penosas escenas al ser retiradas de los bares donde totalmente alcoholizadas pierden los estribos, también en donde las necesidades afectivas las volvieron presa fácil de los agresores.

Cuántos padres de familia ponen límites en sus hijas, quiénes supervisan a sus amigos en redes sociales, o quién dígame usted,  se cerciora de cuál es la forma de vida de sus amistades, dónde viven, teléfonos de sus padres, o en el caso de las mayores de edad, no cambia la responsabilidad mientras sean hijas de familia. ¿Cuántas más por necesidades económicas se someten a convivir con personas que les cobran una factura elevada por los satisfactores que reciben? ¿Cómo pedirles a las hijas que no permitan ser violentadas cuando ellas son testigos de la violencia que reciben sus madres por parte del marido o la pareja sentimental?

En Colima se tienen datos que 151 mujeres fueron asesinadas desde 2003 a la fecha, en 2015 existen 21 casos, pero en 2016 suman 50 los feminicidios. En 2017 la cifra va caminando y el gobierno podrá realizar sus esfuerzos, pero definitivamente es en las curules donde debe estar la obligación de los representantes populares para garantizar penas mayores a los feminicidas y a los agresores de mujeres, pero también para aquellos padres que desde edades tempranas expongan a sus hijas a sufrir episodios de violencia, a aquellos padres que dejan a las adolescentes trasnocharse o simplemente llegar al siguiente día.

La obligación de cuidar a la mujeres es de todos, pero estas acciones principalmente deben fomentarse en el seno familiar, por eso dije, ¡No le echen la culpa al gobierno, que cada quién asuma su parte!