PARANORMAL

NANCY GONZÁLEZ FLORES | Opinión | 30/06/2011

EL ENCARGO MACABRO

Los cementerios guardan secretos espectrales que necesitan de un cronista para darse a conocer. Ellos están ahí, viendo el tiempo transcurrir y observando las almas que van sumándose a la infinita lista del mundo de los muertos. Para ellos todos los días tienen un pasaje regresivo con la posibilidad de tener contacto con nosotros.

El relato narra así; “He vivido casi toda mi vida frente al Cementerio de Dolores en Tecomán, pero nunca había experimentado algo como lo que estoy a punto de contarles. Todo ocurrió en una madrugada cuando fui despertada por las voces de una muchedumbre que transitaba por la calle”.

“Extrañada no soporté la curiosidad y terminé asomándome por la ventila de la ventana. Se trataba de un numeroso grupo de personas que seguían fielmente a una carroza fúnebre conducida por unos corceles negros. Todos ellos llevaban entre sus manos unas largas velas de cebo encendidas mientras rezaban (los misterios del) el rosario”.

“El ruido era considerable para que hubiera despertado a medio vecindario cosa que no fue así puesto que yo era la única espectadora que fisgoneaba discretamente por la ventana. Claramente percibí cómo una persona se apartaba de entre la muchedumbre y audazmente abrió el barandal que da al patio frontal para terminar tocando insistentemente la puerta de mi casa”.

“Temerosa y confundida no sabía si atender o no, pero mi conciencia y mi curiosidad de saber lo que pasaba me orilló en abrir la ventanilla de la puerta. Se trataba de una humilde mujer con precaria vestimenta cargando un costal de plástico muy bien atado con un mecate. Pregunté que se le ofrecía y ella respondió;

---“Señíto disculpe las molestias, ¿si me haría el enorme favor de guardarme este costal? Ya llevó más de veinte cuadras arrastrándolo y pues esta rete pesado”---

--- “¿Me lo podría guardar hasta mañana que pase a la misma hora?”

“Consideré como gesto de amabilidad corresponder a su atento pedido, engarce la ventanilla y quité el seguro de la puerta para abrirle, sin responderle nada sólo asentí con la cabeza y metí el saco de plástico. La mujer muy agradecida se retiró inmediatamente una vez liberada de aquel pesado bulto”.

“Transcurrieron tres días y la señora nomás no llegó por su encargo. Mientras pasaba la semana, aumentaba cada vez más mi ansiedad por conocer el misterioso contenido de aquella talega. Hasta que no logré contener más la curiosidad y terminé destapándola, macabramente descubrí osamenta humana dentro de aquel envoltorio”.

“Era repugnante y tétrico a su vez. Un lento escalofrío recorrió eternamente mi cuerpo y sin pensarlo dos veces arrastré aquello hasta el barandal de mi casa que da a la calle, para dar como concluido dicho asunto así como deslindarme de cualquier tipo de responsabilidad. Seguido de eso me fui directo a la cama”.

“Sin poder conciliar el sueño escuché el rechinido del cancel, tal cual como la hiciese la primera visita de aquella extraña y macabra señora. Presioné fuertemente los ojos y perdí el conocimiento”.

“A la mañana siguiente una vez que me encontré lúcida, inmediatamente me dirigí a la entrada a buscar el saco pero ya no se encontraba, lo que significó que la doñita terminó cumpliendo su promesa mas no al pie de la letra, ella regresó por su encargo”.

Eso significa que existen caminantes de hurno recorriendo las calles y tocando puertas para ser escuchados y vistos por personas elegidas, debido a que los espectros son un recuerdo viviente que rompe las reglas del tiempo y el espacio de nuestro mundo.