PUPITRE AL FONDO

BLANCA F. GÓNGORA | Opinión | 13/09/2018

MANIFESTACIONES ESTUDIANTILES: LLAMADAS DE AUXILIO

La violencia en sus diferentes expresiones ha tomado carta de presencia y no se ha podido mitigar: funcionarios van, funcionarios vienen, se crean programas, se tienen buenas intenciones, ejercemos juicios críticos, sentimos miedo, consideración, pero no pasamos de ahí, pareciera que la violencia es nuestro destino. Esta violencia ha alcanzado al área educativa, pues además del acoso escolar, mejor conocido como “bullying” y que padecen alrededor del 50% de los niños, niñas, y adolescentes entre los 12 y 17 años de edad, según el estudio “Violencia en las escuelas: una lección diaria”, de la  UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), también entre estudiantes mayores de 17 años se sufre la violencia en sus grados más extremos y para prueba, la muerte de dos alumnos, en hechos y ciudades distintas entre los dos meses recientemente  pasados: Ronaldo Mojica Morales, 19 años, estudiante de la Escuela Normal Rural “J. Guadalupe Aguilera”, en Canatlán, Durango y José Luis Hernández Espinosa, 19 años, de la Escuela Normal Rural “Mactumatzá” de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Ambos murieron a consecuencia de “novatadas” por ser de nuevo ingreso. El primero de ellos por un traumatismo craneoencefálico y el segundo por un cuadro severo de deshidratación y lesión renal aguda, luego de haber sido obligado a realizar actividades físicas y trabajos intensos dentro de la escuela. Otro triste ejemplo es el caso de Luis Roberto Malagón de Gaona, estudiante de la Facultad de Derecho, de 20 años de edad, quien murió por la inmersión en el agua y asfixia en un pozo ubicado entre las Facultades de Medicina y Odontología de la UNAM, o el más reciente suicidio del alumno Jakob Hartmann,  de 18 años de edad y estudiante de quinto semestre de la Prepa Tec, Campus Valle Alto, Monterrey, quien con disparo en la cabeza fue encontrado muerto el pasado lunes 10 de septiembre, en los baños de su escuela. Estos son algunos ejemplos recientes, con nombre, edad, y estatus de estudiantes, pero  si a estos les sumamos los 43 estudiantes pertenecientes a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, quienes una noche del 26 de septiembre de hace 4 años, desaparecieron, después de participar en una manifestación tratando de exigir el respeto a ciertos derechos que ellos consideraban pisoteados, y si a este breve recuento le sumamos también todas las pérdidas del movimiento estudiantil de 1968, por causas similares, así como tantas otras que seguro existen y no llegaron a la luz pública, entonces podemos corroborar que la violencia en el seno estudiantil es una constante que ha dejado ya muchas ausencias.

Los estudiantes siempre tendrán propuestas interesantes que plantear, no se les debe hacer caso omiso pues antes de cualquier gran conflicto, seguro existe una cadena de injusticias menores mal atendidas y muchas veces ignoradas. Como sociedad seguiremos fallando si continuamos orillando a nuestra juventud a la impotencia y desesperación. Como sociedad, preocupémonos cuando los estudiantes se manifiesten pero no para criticarlos,  sino para entenderlos porque queramos o no, ellos y sus manifestaciones son como  el vapor de una olla de presión que nos indica que  está a punto de estallar. Ya en 1968 hubo una “Marcha del Silencio” que decía mucho, y no le pusieron atención. La semana pasada, hubo otra marcha convocada  por estudiantes de la UNAM (muy concurrida por cierto) exigiendo un alto a la violencia e injusticias universitaria. Creo que es importante hacer eco de las palabras de  Irene Tello Arista, Directora Ejecutiva de Impunidad Cero quien dice que “… el motivo del enojo estudiantil, no es una reacción ante un acto de violencia aislado, es una respuesta ante un complejo fenómeno de violencia”. Ojalá los problemas en la UNAM no sigan escalando, ni los de las Escuelas Normalistas, ni el acoso escolar en educación básica, ni en educación media y superior, ni el desprecio por los estudiantes que se manifiestan. Que sea pues la educación la que regrese la paz a nuestro pueblo. Que se escuche  al estudiante, también a los maestros, ellos son los embajadores más cercanos y representativos de nuestra realidad social y seguramente tienen mucho que contarnos.

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