NECESARIA UNA NUEVA POLÍTICA PÚBLICA EN MATERIA DE SALUD

Administrador Colimapm | Opinión | 13/09/2018

POR: Guillermo Montelón Nava

Es lamentable que, en las clínicas, hospitales, centros y casas de salud de todo el estado, sean del IMSS, del ISSSTE o de la secretaría de salud, continúen como una constante las quejas, denuncias y señalamientos por el mal servicio, falta de medicamentos, lentitud en la atención, carencias diversas y a veces hasta malas caras o mal trato, tanto a pacientes como a familiares, dejando ver que en nuestro país el sistema de salud va de mal en peor, sea por insuficiencia de recursos, por burocratismo y por la pérdida de ética y humanismo.

Cierto que en materia de salud pública no hay recursos que alcancen, menos cuando por una inadecuada planeación, por los malos manejos financieros y muchos vicios, se invierte en infraestructura, pero no en equipamiento y menos en recursos humanos, con lo que muchas casas o centros de salud, incluso hospitales, se convierten en elefantes blancos o en construcciones que luego quedan abandonadas. Esta situación de por sí amerita una revisión a fondo de la forma como opera el sistema nacional de salud.

Del mismo modo, atendiendo al mandato constitucional que establece el derecho a la salud, el gobierno tiene la obligación de garantizar la mejor atención con personal médico, de enfermería y de apoyo en todas las áreas en el primero, segundo y tercer nivel, pero hasta ahora, eso está muy lejos de cumplirse, no solo por limitaciones presupuestales, sino porque ha faltado instrumentar una política pública que sea más sensible a las necesidades de la población, sean derechohabientes del Seguro social, del ISSSTE o de los hospitales o clínicas dependientes de la Secretaría de Salud.

Ante ese panorama, es de esperar que dentro de las propuestas de cambio que ofreció en campaña quien encabezará el próximo gobierno, considere seriamente en modificar las políticas públicas en materia de salud, canalizando, ya no el 8 por ciento del producto interno bruto que exigen los estándares internacionales, sino al menos el 6 por ciento, pero que de la misma forma haga una profunda revisión de todo el sistema nacional de salud, especialmente para fortalecer la plantilla laboral que permita una atención más ágil, oportuna, suficiente, eficiente y con verdadero sentido humano.

Por otra parte, en esa revisión del sistema nacional de salud será muy necesario implementar acciones para recuperar valores fundamentales en la atención médica, como la ética, el humanismo y la vocación de servicio, ya que muchos de estos se han perdido en una vorágine burocrática y mercantilista que al parecer con toda intención ha buscado favorecer a la medicina privada que cada día es más cara, aprovechándose de las debilidades del sector público de la salud.

Se debe poner fin a las malas prácticas en la atención médica primaria, en el abasto de medicamentos, en la atención especializada y en todas las áreas para que ya no haya más casas y centros de salud que se quedan sin médico los fines de semana, que no tienen medicamentos o que sigan existiendo consultorios de especialidades, sean del IMSS o del ISSSTE, que no atienden o dan citas muy espaciadas porque los médicos trabajan también en consultorios o clínicas privadas, a las que  dan preferencia.

Y qué decir de fortalecer todo lo relativo a la medicina preventiva, donde también existen muchas deficiencias cuando este aspecto debe ser prioritario ante la creciente problemática que representan temas como la obesidad, el sobrepeso, la diabetes, el alcoholismo y muchos otros problemas de salud pública que siguen incrementándose en el país.

Ojalá que el próximo gobierno en verdad haga historia en materia de salud pública.