LA PANGA

MAYAHUEL HURTADO | Opinión | 14/05/2018

ESPEREMOS QUE LA OLA O TSUNAMI AMLO NO SE CONVIERTA EN APOCALIPSIS POLÍTICO

Estoy preocupada por las reacciones de la gente con relación a la política, en donde están pensando con las emociones, más que con la razón. Si bien es cierto que Lorenzo Meyer, en su libro “Fin de Régimen y Democracia Incipiente”, escrito en 1998, hablaba del rumbo que la política tendría al ya haber probado partidos de la derecha, para posteriormente ser gobernados por la ultra derecha y el paso obligado rumbo a la izquierda, definía las peculiaridades de los actores involucrados y de la evolución de sus instituciones políticas, cultura cívica, tipo y grado de su desarrollo económico, estructura social y de la influencia externa, para decidir los rumbos del país.

Nadie puede olvidar que desde 1940 Lázaro Cárdenas dejaría un legado político que debería irse perfeccionando, en ese tiempo el choque de Cárdenas contra la oposición encabezada por Juan Almazán, dejaría fricciones para que después todo volviera a la normalidad; sin embargo, Miguel Alemán daría continuidad.

Posteriormente, en 1952, surgieron los movimientos de protesta de los ferrocarrileros y maestros, en diversos movimientos desde 1900 a 1952, lo que originó a lo largo del tiempo el surgimiento de diversos sindicatos y organizaciones que años más adelante formarían parte de los sucesos históricos más importantes del país.

Nadie puede olvidar las protestas de la Asociación de Médicos Residentes e Internos (AMRI) y la de los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, en 1968, ni el movimiento estudiantil en el Jueves de Corpus en 1971. Tampoco olvidar el infarto económico en 1982 como resultado de la nacionalización de la Banca, ni el sexenio tan cuestionado de Carlos Salinas de Gortari, sin dejar de mencionar la pérdida del control de la Cámara de Diputados en 1997.

Lorenzo Meyer afirma que “la dinámica desatada por la espectacular contienda electoral de 1988 puso en entredicho que el sistema pluripartidista se estaba gestando al impulso de una sociedad más urbana, educada e informada.

“Para 1997 se perdió el control de la Cámara de Diputados, a manos del presidente y su partido. Así se hizo evidente que el sistema autoritario más viejo y sólido de América Latina había entrado en una nueva etapa de su historia.

“El 2000 se perfilaba como un acontecimiento crucial, histórico, pues se podría decidir si la transición política mexicana había llegado a su conclusión o seguiría prolongándose”.

Pero no pasó lo que originalmente imaginaron los expertos en política, amable lector, lectora, México no viró a la izquierda, sino a la derecha, fueron dos sexenios encabezados por Vicente Fox (2000 a 2006) y después Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (2006 a 2012), periodos que al igual que “el partido ultra derecha”, fueron cuestionados por sus acciones de gobierno, políticas al interior y exterior del país, con problemas económicos severos y que los dos sin excepción enfrentaron temas severos de inseguridad.

Un porcentaje importante de ciudadanos se dio cuenta que no era cuestión de partidos, sino de contextos; vivieron dos sexenios en los que creyeron que era cuestión de tiempo que todo cambiaría; sin embargo, 12 años después, en 2012, tras el desgaste de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, los ciudadanos no viraron a la izquierda, pues desde 1997 los diputados de diferentes corrientes políticas no pudieron satisfacer las necesidades del pueblo, no quedaron convencidos de dar el viro del timón a la izquierda y llevaron a Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República.

Hoy es 2018, han transcurrido muchos años y vemos en la boleta de nueva cuenta a Andrés Manuel López Obrador, con una clara ventaja porque millones de jóvenes por primera vez emitirán su voto y esa fuerza e idealismo le puede dar ventaja sobre sus adversarios; están también los adultos que con conocimiento histórico o sin él, votarán como resultado de las emociones, castigando severamente a la casa política de Enrique Peña Nieto, quien sólo dio continuidad a las reformas estructurales que le dejó en el escritorio Felipe Calderón, para minimizar el juicio histórico; sin embargo, dichas reformas fueron votadas y aprobadas por legisladores de los diferentes partidos políticos, ante la abstención y apatía de algunos legisladores que abanderando la izquierda, prefirieron guardar las reformas para ser empleadas como temáticas en tiempos electorales.

Ahora están las condiciones que Lorenzo Meyer expresó en 1998, están siendo las condiciones como resultado del conjunto de emociones de ciudadanos que van directo y sin escalas a votar todo lo que huela a izquierda y echar afuera todo lo que huela a derecha, a pesar de tener evidencias que los gobiernos estatales de una u otra corriente, no han estado exentos de dejar insatisfechos a la ciudadanía, que bien sea por factores internos y externos, no generaron lo que a los ciudadanos se proyectaron cuando emitieron su voto, pues partamos de un ejemplo práctico, como lo es la inseguridad y la violencia, donde los datos del INEGI y la PGR nos muestra que en mayor o menor proporción se vive esta problemática en las 32 entidades federativas.

Hoy se habla de una ola, del tsunami AMLO, que por la marca que representa y la abundancia de emociones y desconocimiento de momentos históricos en política y comparativos de gobernabilidad de los partidos políticos de diferentes corrientes, pueden darle a muchos candidatos a puestos federales y locales, sin el menor esfuerzo, un triunfo electoral, aunque no comulguen con el idealismo de AMLO, es la marca López Obrador lo que los impulsa y los ciudadanos debemos ser cuidadosos al elegir quién legislará o gobernará, porque ni todos son AMLO, ni las emociones deben incidir en el votante, sino la conciencia de que votamos por proyectos que duran tres o seis años.

Esperemos que la ola o el tsunami no se convierta en apocalipsis político después del mes de octubre de 2018… Al tiempo.